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Piel y cerebro; un origen común y repercusiones clínicas


Aunque parezca increíble la piel y el cerebro tienen mucho en común.

Ambos provienen de la cresta neural, un parte común dentro del desarrollo embrionario. Es por eso que hay muchas enfermedades neurológicas que se acompañan de alteraciones cutáneas.

Son los denominados síndromes neurocutaneos.

Entre ellos encontramos la neurofibromatosis que se acompaña de manchas café con leche, efélides o pecas axilares; la esclerosis tuberosa,que entre sus criterios clínicos se encuentran lesiones cutáneas como las manchas hipocrómicas, fibromas de Koenen, o alteraciones dérmicas como “piel de Chagrin”.

La enfermedad de Sturge-Weber con angiomas faciales y cerebrales. Sindrome de LEOPARD, con alteraciones cognitivas, sordera y lesiones tipo lentigo en la piel. La ataxia-teleangiectasia o la enfermedad de Refsum…

Es importante la valoración de alteraciones en la piel en pacientes con síntomas neurológicos para poder detectar estos síndromes y establecer el mejor tratamiento y pronóstico.


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